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Un amor de 800 metros.

Llevo el amor empacado 
en una mochila hippie 
unas viejas botas
con unos curtidos mochos 
que hacen junto a la camisa rota 
el estilo hípster
del chavo del ocho.

800 metros verticales
la distancia de mi con respecto a ella
que al escalar se hicieron horizontales
tanto que hasta yo le tenía paciencia.

Como un compartir
y sin que nadie pidiera la arrimada
cada uno dio más de un rinconcito de su morada
para juntar el existir.

En ese momento se cumplió la meta
el objetivo propuesto
aunque a la cima aun le faltaban
800 metros.

Olor a cuello en la llegada
despertaba el sueño
por salir de un trancón
luego de un dormir extraño
sabor a pueblo en la salida.
desde el motoratón

Después de semejante elevada
terminamos en la base
la montaña aun alta estaba
aunque en ella la cima se reconoce

Tan alta la veía
que quería llegar a la meta
con ella a cuestas
podía escuchar incluso que gemía
ante tanta soberbia impuesta.

En el mundo de las montañas
esas que sólo son vistas desde abajo
nunca se llega al final
el sentido está en el trabajo
que hace a la meta llegar.

Tras la cima he recordado
aquella canción que decía
ella cuenta no se ha dado
que ha sido mía
sin haberla amado.


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Ala hijueputa

No puedo con mis pensamientos, me dan más de lo que puedo digerir. Estoy cansado de tratar de hacer con éstos ideas, malabares, textos, escritos o pretextos. Que, sin llevarme a alguna parte, hacen cansar la idea de caminar. Estoy cansado, me he rendido para descansar. Ahora no escribo, ni descifro, ni leo. Y, aun así, sigo agotado de pensamiento. Cansado de estar pensando. Sin embargo, heme acá, pensando en que estoy cansado. ¡Ala hijueputa! Si no has de dejarme descansar, Dejadme dormir por lo menos.